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lunes, 22 de noviembre de 2010

Frantz Fanon

El siguiente artículo es una reflexión sobre las ideas de Frantz Fanon, aquí sólo transcribimos una parte. Para leer el artículo completo: Frantz Fanon.

Frantz Fanon

Frantz Fanon lo expresó en términos cristalinamente claros: El racismo no es un fenómeno ‘innato’ en los hombres, ni tampoco una disposición psicológico-mental. Es una forma de discriminación social que va de la mano con la aniquilación cultural, la dominación política y la opresión militar de los pueblos colonizados en el marco de la explotación económica capitalista del hombre por el hombre, del Tercer Mundo por los países metropolitanos.

Históricamente y desde la aparición del capitalismo, el racismo ha cumplido una función vital para el sistema. Ha proporcionado y sigue proporcionando la justificación de los genocidios cometidos contra los pueblos del Tercer Mundo en el paso arrollador y aniquilador del capitalismo europeo-occidental.

Con el ‘argumento’ de una ‘misión civilizadora’, basada en la supuesta ‘superioridad’ de la ‘raza blanca’, ha justificado, ayer y hoy, la intervención brutal y directa de los países metropolitanos en los asuntos de sus ex colonias en perjuicio y detrimento de sus poblaciones.

Es por eso que no se puede ser racista inconscientemente, como sostiene Fanon. El racismo tiene método. El racismo es un método. Es un método de explotación, dominación, subyugación y deshumanización. Está en todas partes para cumplir su misión nefasta: justificar las ‘nuevas guerras del siglo XXI’ que no son otra cosa que las viejas guerras del siglo XX con un disfraz distinto, libradas por los recursos naturales estratégicos y el acceso a mercados. Al mismo tiempo, el racismo impide que se conozca la razón de fondo de estas guerras, esto es, la producción capitalista de ganancias a toda costa que camina sobre cadáveres y mientras tanto, sobre planetas enteros.

En la dinámica del proceso de descolonización de los años 50 y 60 del siglo pasado, enmarcado en la confrontación de los bloques, se respiró un aire de cambio que quedó captado por el Zeitgeist de aquella época, que oscilaba entre el principio de la coexistencia pacífica, de un ‘tercer camino’ y el de la contra-violencia emancipadora, de la ruptura categórica con un mundo esencialmente inhumano y explotador. El Espíritu de Bandung y el Espíritu del Manifiesto de los Condenados de la Tierra, marcaban el espíritu de la época.

El término Zeitgeist -espíritu de la época- se refiere a la verdadera esencia de una época, tal y como queda reflejada en las ideas, opiniones, corrientes intelectuales, pensamientos filosóficos y cosmovisiones que la caracterizan. Para el filósofo alemán G.W.F. Hegel, quien opina que nadie puede ‘escaparse’ de su tiempo histórico ya que el espíritu de su época es, pues, su propio espíritu, Zeitgeist es simplemente la filosofía de una época. En términos marxistas, es lo específico que marca la sobreestructura de una época la cual, a su vez, es un reflejo de las realidades y tendencias de su fundamento material-económico.

Si tratáramos de captar el Zeitgeist de nuestra época, esta que ha comenzado con el cambio del siglo y sus esperanzas de poder dejar atrás, de una vez por todas, la época de guerras calientes y frías del siglo XX con sus incontables muertes y miserias humanas, si tratáramos de medir sus particularidades que ya se están perfilando, nos encontraríamos con algo muy desencantador: Por ahora, parece que no hay nada realmente nuevo bajo el sol.

Lo viejo de siempre se nos presenta en ropa nueva y las ideas nuevas no son sino una reedición de las mismas ideas del siglo pasado. Lo peculiar de esto, sin embargo, reside en una verdad contradictoria: Por un lado, nunca antes en la historia ha sido más fácil ver la evidente bancarrota del capitalismo mundialmente establecido que trata de rejuvenecerse en vano, y por otro lado, nunca antes en la historia ha sido más difícil romper el velo que sigue cubriendo los cinco pilares sobre los que está edificado y a los que no nos cansamos de mencionar: la explotación económica, la dominación política, la discriminación social, el genocidio militar y la alienación humana. El velo que los cubre es la ideología, son las ideas dominantes de las clases dominantes, el control mental.

Lo que marca el Zeitgeist de nuestra época, es esta doble verdad: No obstante las verdades abiertas, no obstante la realidad evidente, no obstante un modo de destrucción que acarrea ruinas y cadáveres por doquier, no podemos o no queremos verlas, ni actuar en consecuencia, porque ya no nos quedan ojos para ver, ni oídos para escuchar, ni cerebro para pensar, ni corazón para sentir nuestra propia agonía, que es la de la especie humana. Somos y seguimos siendo seres encadenados, seres controlados, seres alienados.

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